El robo del carancho

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El carancho quedo allí unos días en los que lo alimentamos con pedazos de carne. Luego lo llevamos al campo, donde con el tiempo se adaptó a volar y a encontrar su comida por si mismo. Yo no vivía en ese campo pero las noticias que me llegaron es que el carancho termino libre, lo que era nuestro objetivo.

Nunca supimos que hipótesis tenían los empleados del zoo en cuanto a la desaparición misteriosa del joven carancho. Fui guardazoo en el zoológico de Córdoba en el 92 y a principios del 93. Cuando termine la secundaria deje de ir para dedicarme completamente a estudiar biología y para pasar a otra etapa de la vida.

Pero seguí yendo al zoo, ya sea para cursos en el Centro de Zoología Aplicada, para hacer estudios de etología (comportamiento animal), para algún curso o conferencia o simplemente para visitar todos mis amigos, humanos y animales. Siempre, hasta el día de hoy considero el zoo un poco como si fuera el patio de mi casa en Córdoba, siempre quede en contacto.

Incluso en el 2004 volví a ser voluntaria del hospital del zoo en una de los viajes que hice desde Montreal. Siempre tuve una mirada crítica al cuidado que les proporcionan a los animales en todos los zoológicos que he visitado, no siempre estando de acuerdo con las decisiones de la administración y muchas veces hablando con los directivos para intentar cambiar algo.

Otras veces he tomado decisiones por mi cuenta, con la ayuda de amigas también ex-guardazoos y estudiantes de biología. En un zoológico argentino (que no voy a nombrar para no tener problemas) tenían un carancho joven suelto por los senderos con las plumas de las alas cortadas para que no se fuera. Era muy amigable, siendo criado por humanos nos veía como proveedores de comida y cariño.

Lo habíamos visto varias veces y nos daba mucha pena pensar que este animal, nativo del lugar, tuviera que pasar su vida en cautiverio. Decidimos secuestrarlo, esperar que le crecieran las alas y dejarlo libre en el campo.

Con mis dos amigas (que tampoco voy a nombrar) planeamos un secuestro. Llevamos una mochila de tela vacía y cinta adhesiva y nos dividimos las tareas. Lo atrapamos, le cerramos el pico con la cinta para que no se escucharan sus quejas y lo metimos en la mochila.

Una de las chicas salio del zoo y fue del lado exterior, cerca de las rejas por donde planeábamos pasar la mochila y nosotras empezamos a caminar hacia las rejas del lado interior. Un guardia de seguridad paso cerca y nos miro con cara de culpables, así que nosotras hablamos y nos reímos lo mas fuerte posible para que no escuchara los ruiditos que venían de la mochila.

Por suerte pudimos pasarla hacia el exterior sin problemas. De ahí tomamos un taxi a un departamento vacío que teníamos disponible.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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