Historias con final feliz

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Que tienen en común un pavo australiano, estrellas de mar balinesas y una anguila del río San Lorenzo en la zona de Lachine, Montreal?

Por supuesto que mi sueño más grande ha sido siempre poder hacer algo para ayudar a los animales, desde el gran sueño de salvar una especie hasta lo más realista de poder aunque sea salvar algunos animales.

Pensar que algunos animales están vivos gracias a mí me hace muy feliz. Y eso es lo que tienen en común: tuve la oportunidad de rescatar algunos integrantes de las especies que nombré, un poco por casualidad y un poco por tener siempre las antenitas paradas. Primero fue la anguila.

Una tarde en el 2009, estaba caminando con un amigo por un muelle con un faro en el final cerca del canal de Lachine, en Montreal. Vi que había pescadores así que me acerqué a ver que estaban pescando. En ese momento veo un hombre sacando del agua algo muy largo, me llevó un segundo darme cuenta que era una anguila!

El pescador no se lo esperaba y no sabía muy bien qué hacer con el animal. El hilo de pesca se cortó y la anguila cayó en un hueco en la orilla del muelle. Como vi que nadie reaccionaba, me acerqué a sacarla. El problema es que las anguilas tiene el cuerpo recubierto de una sustancia mucosa para protegerse que las hace increíblemente escurridizas.

Pude a pesar de esto sacarla del pozo y abrazarla contra mí para que mi amigo le sacara el anzuelo de la boca. Con mucho esfuerzo lo logramos y pude devolverla al agua. Haber tenido que lavar mi saquito docenas de veces para sacarle el mucus y el olor valió la pena!

En el 2010 viaje por Bali, Australia y Tailandia. En una tranquila playa de Bali, casi al principio del viaje vi a lo lejos unos niños sacando grandes estrellas de mar del agua y me acerqué para decirles que las dejaran allí.

Como no me entendían las tomé de sus manos y las dejé en el agua yo misma. También vi que ya habían sacado unas cinco más que estaban secando en la playa. El problema es que la familia hablaba solo ruso, así que a señas trate de explicarles que debían devolverlas al agua. Mientras fui a buscar al guardián para que me ayudara, la familia partió a su habitación con las que ya habían sacado, pero por lo menos devolví al agua a las dos que tenían en las manos.

Ya luego en un bosque en Queensland, en el norte de Australia vi unos niños alimentando pavos salvajes. Los pavos estaban muy cerca, se veía que son animales muy confiados. Lamentablemente otro niño le arrojó piedras y el pobre pavo cayó al suelo.

El niño lo agarró de las patas y lo tiró en los matorrales. Por qué tanta crueldad, me pregunté, pero me parece que no hay respuesta, es el espíritu humano, capaz de hacer tantas cosas buenas y tantas malas.

Luego de decirles a los chicos que estaba muy mal lo que habían hecho fui a buscar el pavo que estaba en una muy mala posición, ya que lo habían arrojado de esa forma. Lo tome en mis brazos, lo tuve un buen rato y cuando se sintió mejor lo deje ir, un poco tambaleante pero ya recuperado.

Tres pequeñas historias que siempre recuerdo. Siempre estoy atenta tratando de ver animales y tratando de protegerlos si están en peligro, así que seguramente habrá más anécdotas de este estilo con el tiempo. Estén atentos ustedes también y no pierdan oportunidad de ayudar a un animal en dificultad, es una gota en el océano, ya lo sé, pero para el animal en cuestión es toda su vida!

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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