Encuentros con primates en Argentina

Home / Humans / Encuentros con primates en Argentina
Podría escribir tantos capítulos de mis encuentros con mis animales preferidos!!! Pero voy a tratar de contarles un resumen de una muy larga historia de amor.

Digamos que todo empezó en mis últimos años de la escuela primaria, el 86 o 87, cuando leí Gorilas en la Niebla, de Dian Fossey. Las experiencias de Dian con los gorilas en Rwanda y la historia de su vida me fascinaron y emocionaron. Luego vinieron los libros de Jane Goodall, la gran investigadora del comportamiento de los chimpancés. En una época que no había Internet, ni tanta información como ahora, estos libros me abrieron un mundo…

En el 92 empecé a trabajar de voluntaria en el Zoo de Córdoba, y a los pocos meses la directora del grupo de Guardazoos, Alejandra formó un nuevo equipo para cuidar los monos carayá que por lo general eran donados por familias que los habían comprado en las rutas del norte del país.

A veces la gente los compraba por pena de verlos en tan malas condiciones, lo que solo aumenta el problema del comercio ilegal. Al crecer y  volverse más difíciles, muchas familias los donaban al zoo. La idea era formar grupos que pudieran moverse en semilibertad. Nunca voy a olvidar el momento en que Alejandra me eligió para formar parte del equipo.

Fue realmente una gran felicidad y un mundo nuevo que empezaba. Desde el principio los amé con todo el corazón, pasé tantas horas ese año cuidándolos en el techo del galpón donde estaban los más jóvenes durante el día. El primer día me acerque a Facundo, un gran macho adulto ya negro que vino a sentarse en mi falda y cuando bostezó cerca de mi cara vi sus grandes colmillos tan cerca.

Jakuy, Monkey, Tonga fueron los primeros bebés, luego llego Ñaui, Ucu, Kitty. También cuidábamos algunos machos jóvenes, Sandro, que andaba por todo el zoo, incluyendo el restaurante donde sabía que iba a encontrar más comida y Xuxo, que fue con el que más conexión sentí. También estaba Cusillo suelto por los árboles, que cada tanto venía a robarme un sándwich, y me dejaba solo la mitad de mi almuerzo.

Lamentablemente muchos de estos queridos monos se enfermaron por problemas digestivos y murieron. Siendo casi completamente folivoros, la dieta variada, sumado a todo el estrés de tantos cambios, le provocaban grandes diarreas. También estaba Khapu, la mona araña que debe haberse creído carayá.

Luego de un año yo deje de ser voluntaria para dedicarme por completo a estudiar Biología, pero siempre seguía yendo al zoo, y a veces Ñaui bajaba de los árboles para jugar conmigo y colgarse de mi pelo. Unos años después, Alejandra abrió un gran refugio de carayás en las sierras de Córdoba, que visité algunas veces.

Al final del primer año de la secundaria, en un viaje de 40 días por el noroeste rgentino, y con una amiga ex cuidadora de carayás también, visitamos en Corrientes el CAPRIM, un centro de investigaciones donde tenían cientos de monos ardilla, algunos monos caí y como estaba en la selva, por primera vez en mi vida, vi los carayás en libertad.

Vimos un grupo al que pudimos seguir por algunos momentos, y a las tardes escuchábamos los gritos de los machos que son uno de los sonidos más fuertes en el reino animal. De hecho que el otro nombre común que tienen es mono aullador. Tuvimos la suerte de ser tan bien recibidas, teníamos acceso a la biblioteca, a los laboratorios, podíamos entrar en las jaulas y jugar con los monos.

Para los investigadores debe haber sido curioso ver dos chicas tan jóvenes pero tan interesadas en la primatologia. Luego seguimos viaje y en las Cataratas del Iguazú vimos por primera vez los monos caí en libertad.

Unas experiencias mucho menos agradable fueron cuando visité con otras amigas de Guardazoos un comercio ilegal de animales silvestres en Catamarca. Había monos de varias especies, con claros signos de maltrato. Ya volviendo a Córdoba, mostré las fotos a varios organismos ambientales con la esperanza que se pudieran decomisar los animales.

También fuimos a ver un chimpancé que había sido de un circo y que los dueños tenían en una pequeña jaula en su patio. Estos casos me perturbaron mucho, trate de denunciarlos, de hacer algo, pero era tan difícil. Lo más probable es que no se haya podido hacer nada y no sé cómo habrán terminado estos tristes ejemplos de maltrato.

La última experiencia importante antes de venirme a vivir a Canadá fue en el 97, cuando fui por diez días a participar como asistente de campo en un estudio del comportamiento de los monos mirikina, pequeños monitos nocturnos que viven en parejas. Fui a la Reserva Guaycolec, en Formosa, en el norte de Argentina.

Estuve esos días durmiendo en mi carpa, saliendo a ver a los monos en plena noche, con otros dos estudiantes de Buenos Aires, que estaban en el proyecto a largo plazo. La idea principal del estudio era analizar su comportamiento y ver si realmente eran monógamos o si las hembras engañaban a sus parejas y tenían bebés extramatrimoniales.

Al principio me parecía raro estar en plena selva de noche, pero me terminó encantando. Veíamos los monos y también otros animales nocturnos. De día identificábamos árboles, observábamos hongos fluorescentes, nos bañábamos con medio balde de agua que teníamos en un tanque y cumplíamos con las otras actividades del campamento.

En un momento tuvimos que pasar una noche en la casa del investigador para refugiarnos de la lluvia torrencial que caía por días y que había inundado nuestras carpas. Secar la ropa era todo un desafío. Luego de ese viaje y de los otros que he hecho en selvas, tener ropas seca es el más gran placer!

Por qué me fascinan tanto los primates? Será que los carayas y la mona araña del zoo me marcaron tanto con sus personalidades únicas y con todo el amor que nos daban o yo ya tenía un gran interés por los monos y conocerlos personalmente solo lo reforzó?

En todo caso, nunca me canso de leer sobre sus vidas, no pierdo oportunidad de ser voluntaria en refugios, y me parte el corazón cada vez que escucho noticias sobre la deforestación, el uso de primates en laboratorios, casos de comercio ilegal y de maltrato. Por qué no todo la gente puede ver que especiales, que sensibles y que maravillosos que son?

Por mi parte, me siento tan afortunada de haber tenido las oportunidades que tuve de estar cerca y realmente conocer tantos monos inolvidables. También de haber podido ver tantas otras especies en libertad, como los descendientes de los gorilas que Dian Fossey estudió en Rwanda. Cosa que no me animaba a soñar cuando leía su libro por primera vez. Pero si, a veces los sueños (si son nuestra prioridad y lo intentamos realmente) se hacen realidad.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

Leave a Comment

POST COMMENT Back to Top

Recent Posts
Contact Us

Send us an email and we'll get back to you as soon as possible. Thanks!