Mis grupos ambientales

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Desde que estuve en cuarto año de la secundaria hasta que me vine a vivir a Montreal en el 99 puedo decir sin exagerar que participé de una forma u otra en todos los grupos ambientales e instituciones relacionadas a las ciencias naturales de Córdoba: Conaco, Adnuma, Brecha y Mundo aborigen, el Museo de ciencias naturales, Salvar, los Defensores del ambiente de la Provincia, los Guardambientes municipales, Ares, Prohuerta, Ecología humana, Editorial Nuestro Planeta y los grupos universitarios como el Centro de estudiantes de biología, Achalensis, Aula abierta del ambiente de montaña.

También participé en encuentros ambientales provinciales y visité e hice diversas actividades en zoológicos y organismos no gubernamentales de Argentina y los países limítrofes. A veces tenia reuniones casi todas las tardes de la semana, y los fines de semana me iba a participar en algún otro proyecto. Siempre tenía la mochila lista para camping y reuniones por más lejos que fueran!

Además estudié biología, culturas aborígenes, profesorado en ciencias naturales e hice innumerables cursos: buceo, reconocimiento de plantas y de aves, primeros auxilios para animales, huertas orgánicas, taxidermia, manejo de ambientes…sin contar yoga, quena, danza andina, telares…y de ir a todas las conferencias que había!

Les estoy contando ocho años en unos cuantos renglones así que por supuesto que parece mucho! También demuestra mi gran interés y curiosidad por todo, pero al mismo tiempo mi incapacidad para bien enfocarme en una sola cosa. Y sinceramente, no he cambiado.

Recuerdo una vez que presenté mi currículo a una escuela en la que iba a dar unas charlas sobre el ambiente y la profesora le comentó a mi compañero que no había ninguna posibilidad que esa larga lista fuera real!

Hubo tres grupos en los que realmente me implique y en los que participé por mucho tiempo: los Guardazoos, los Guardafaunas del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Recursos naturales y Ecofauna. De los Guardazoos ya les he contado varias veces. Hoy les cuento de los otros dos.

Hice el curso de Guardafaunas Honorarios a los 17 años, cuando la edad mínima era 21. Así que por cuatro años fui considerada ayudante y además discriminada cariñosamente (con esto quiero decir que siempre había bromas o comentarios) por ser la mayor parte del tiempo la única mujer participando en las actividades. Estas consistían en cortes de ruta, decomisos en las tiendas de animales, rescates y liberaciones. Ni el hecho de ser demasiado chica, ni de ser la única mujer me detuvieron para participar y además para tener mi opinión sobre cómo hacer ciertas cosas y defenderla con entusiasmo.

Ya a los 21 tuve mi placa y tarjeta oficial y seguí en el grupo hasta los 24, año en que me vine a Canadá. Éramos un grupo de gente muy diversa y todos muy interesados en proteger el ambiente. Con los más cercanos compartíamos también otras actividades, estábamos juntos en otros grupos y seguimos siendo amigos hasta ahora.

Los cortes de ruta eran hechos en colaboración con la policía ambiental ya que nosotros no portábamos armas y a veces había situaciones peligrosas. Los cazadores no apreciaban que les quitáramos sus presas y sus armas! A pesar de haber habido situaciones difíciles, yo contaba con la amistad de Eduardo al que consideraba como un padre.

Pasábamos la noche en alguna ruta alejada, parábamos los autos y verificábamos si lo que habían cazado estaba dentro de los límites del cupo permitido. Si no, lo decomisábamos y esta carne era luego donada a algún geriátrico u organismo.

Mi especialidad autodenominada era cuidar los animales vivos que a veces llegaban, sobre todo aves que acababan de ser entrampadas, tortugas y una vez una mulita bola. No me metía mucho con el manejo de armas, tema del que conocía muy poco.

Las aves, si podíamos, las liberábamos en cuanto amanecía. Si ya hacía mucho que estaban en jaula debían pasar un periodo en la casa de algún guardafauna y si estaban heridas tal vez eran llevadas al Zoo.

Una vez pudimos liberar anguilas que habían sido pescadas hacía poco. Otra vez tuvimos una boa lampalagua que luego de haberse escapado por el galpón de uno de los chicos, fue encontrada y liberada en el campo. La historia de la mulita quedo para siempre el recuerdo porque fue motivo de una pelea entre mi amigo Gustavo y yo. No coincidíamos sobre el lugar de liberación.

Él la dejo en un campo cultivado. Yo la fui a buscar, la tuve en mi falda por horas de ruta y la liberamos finalmente en un cementerio con vegetación alta en las orillas de un pueblito. En otra ocasión llego una corzuela hembra recién matada y yo la abrí con un cuchillo para ver si tenía un bebé adentro ya que le veía el vientre muy hinchado. Por suerte no había nada, ya que hubiera sido casi imposible salvar un bebé en esas condiciones y hubiera sido muy triste verlo morir.

Llegaba a mi casa muy cansada y sucia de tierra, sangre y a veces con garrapatas, como las que me trasmitió esta misma mulita. Otra vez traje a mi casa dos pichones de cotorra verde, los que mi mamá trató de ayudarme a cuidar y lamentablemente no sobrevivieron más de unos días.

También hacíamos camping para ver la fauna de algún parque provincial, participábamos en exposiciones, y diversas actividades. Muchas veces a la mañana siguiente tenia clases en la facultad, por lo que me sentaba en algún banco lo más alejado posible ya que sabía que el sueño me iba a vencer!

Lamentablemente algunos años después me enteré que el Ministerio había cerrado este grupo. Una pena, ya que los problemas siguen o empeoran y nuestra fauna esta disminuyendo a pasos agigantados. Pero Eduardo, Gustavo (con los que también estábamos juntos en Ecofauna) y Ernesto siguen siendo mis amigos, así como Cecilia, que empezó en el grupo conmigo.

En esos años conocí a un veterinario conservacionista Fidel, que me contó que acababa de empezar un organismo llamado Ecofauna, y con Emilse, Carina, Cristina decidimos sumarnos. Teníamos reuniones bastante seguido, la mayoría de las veces en algún restaurante o en alguna casa. Con ellos organizamos conferencias a nivel nacional.

Expertos de todo el país venían a presentar sus temas y puedo decir que aprendí tanto, mucho más que en cualquier curso! También hicimos una campaña para proteger una subespecie endémica de Córdoba, el sapito de colores. Hicimos pósters e inventarios en la naturaleza. Este sapito era muy común en otras épocas, pero cada vez se lo encuentra menos.

También organizamos salidas a las reservas menos conocidas de la provincia e hicimos listas de fauna para otros grupos que nos daban ese mandato. Fue una experiencia maravillosa para mí, me sentí parte de un grupo de gente apasionada y aprendí muchísimo. La historia se repitió como con Guardafaunas, el grupo terminó unos años después de que yo me fuera del país, pero seguimos siendo muy amigos!

Creo que los grupos también siguen ciclos naturales, nacen, crecen y mueren. Y siempre nacen otros, como puedo constatar por Internet. Hay tantos grupos nuevos en Córdoba, refugios, protectoras de animales y organismos ambientales, trabajo no va a faltar nunca y gente increíble tampoco!

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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