Los ositos hormigueros

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La primera vez que los vi fue a través de la puerta de la pequeña clínica del Zoo de Córdoba. Quedé paralizada. Era una de las cosas mas hermosas y extrañas que había visto en mi vida…quería tenerlos en mis brazos más que ninguna otra cosa en el mundo: dos bebes osos hormigueros.

En esas épocas yo estaba en el grupo que cuidaba los monos caraya, a los que adoraba también, pero cuando hubo una oportunidad de participar en el grupo de los ositos por supuesto que levanté la mano y al final pude concretar mi sueño por algunas semanas. Al final volví al grupo de los caraya, los quería demasiado para cambiarlos por otros animales. Pero esos días cuidando los ositos quedaron en mi memoria para siempre.

Eran huérfanos que venían del Norte Argentino, tal vez hechos huérfanos a propósito para ser vendidos ilegalmente, eso nunca lo sabré. Tenían algunos meses solamente, si hubieran seguido en la naturaleza, pasarían la mayor parte del tiempo agarrados del lomo de la madre, confundiendo sus líneas negras para parecer un solo animal, una estrategia para evadir los predadores tanto aéreos como terrestres…

Pero estaban en Córdoba con nosotros, así que su más grande objetivo era estar bien prendidos con sus garras de mi remera, a la que le hacían agujeros sin problema. Si no estaban enganchados de mi remera entre mis brazos estaban corriendo atrás mío para que los alzara.

Los ositos comen hormigas, y siempre estábamos tratando de encontrarles troncos con hormigas para que practicaran. Pero como no eran suficientes le preparábamos una mezcla bastante liquida de un licuado de comida para perros, frutas y acido fórmico (el que tienen las hormigas) y ellos lo lamían de un plato con su lengua.

Tan fuerte es su instinto de buscar hormigas que cuando estaban en mis brazos intentaban encontrarlas en mi nariz u orejas, sin mucho éxito por supuesto.Muchas veces los cuide en algún jardín del Zoo, al mismo tiempo que vigilaba algún otro huérfano que los otros guardazoos me dejaban por algunos momentos.

Una vez terminé cuidando los dos hormigueros, una boa lampalagua que necesitaba ser hidratada por medio de una jeringa, un bebe puma de unos días y la mona araña Khapu que venia a visitarme desde el techo en donde estaba. Un momento inolvidable.

Los ositos crecieron, los cuidaron diferentes personas, y quiero pensar que a pesar que ya pasaron unos 20 años, todavía están en el Zoo, tratando de entrar su lengua en todos los agujeritos que encuentren, por más extraños que sean.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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