Adjony o Johnny

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Hoy quisiera contarles de Johnny.

En 2011 hice mi primer viaje al África Subsahariana. Visité África del Sur más que nada, y también los pequeños países de Lesotho y Swaziland, como también el sur de Mozambique.

Pasé 6 semanas viajando sola, mayormente en un autobús para turistas que iba de albergue de juventud en albergue. Era la forma más segura y práctica, ya que el sistema de transporte es bastante caótico en África.

La segunda semana del viaje fue dedicada a hacer un voluntariado en un refugio de monos vervet y de papiones chacma en la costa sur del país. El refugio se llama Grupo de primates Darwin y estaba en esa época ubicado en un pueblo llamado Crags. Por las noticias que he tenido, se han mudado de lugar.

Llegue al refugio de noche levada por Steve, un voluntario inglés que estaba pasando varios meses en el lugar. Nos recibió Karin, la fundadora del proyecto, una mujer llena de energía y con fuerte personalidad cerca de la cincuentena, aunque parecía mucho más joven.

Me enteré al día siguiente viendo videos y leyendo documentos que hacía años que trabajaba con monos y que es una celebridad en el área de conservación, hay documentales y libros que hablan de ella y de su relación especial con los papiones, tanto libres como los que ella rescató y crió. Incluso ha conseguido rehabilitar y liberar algunos de los monos.

La situación política en el país es muy difícil, y la relación entre la gente y los primates también. Los agricultores se quejan de que los monos destruyen sus cultivos e incluso algunos papiones se han acostumbrado a entrar en casa para robar comida. Claro que ese era su territorio ancestral.

Muchos otros monos vervet llegan al refugio con heridas provocadas por el contacto con los cables eléctricos, por esta razón Karin había cortado la electricidad en su terreno. Todos estos problemas generan una gran cantidad de huérfanos o heridos, y Karin los acepta a todos, a pesar que no dispone de financiamiento, más que las donaciones de particulares y de voluntarios.

Karin tenía un bebé papión de tres meses en sus brazos. Por supuesto fue amor a primera vista, mi más grande deseo era tenerlo en mis brazos y cuidarlo. Pero esa noche yo acababa de llegar y no quería parecer demasiado ansiosa, así que no dije nada, solo lo contemplé con mucho amor.

Parecía tímido, y estaba lleno de manchas moradas, que Karin me explicó era un remedio para los hongos de la piel que tenía. La mama de Johnny había muerto, una mujer lo había rescatado y unos días después llegó al refugio.

Había muchos otros monos en el lugar, varios papiones jóvenes muy traviesos, que robaban todo lo que quedara abandonado en el jardín y a veces entraban en la casa a ver

que podían robar adentro. La consigna era no tocarlos ni ser muy amigable con los juveniles, ya que en algún momento serian integrados a las tropas salvajes.

También estaban los más de 30 vervet, en varios jaulones y en libertad en los árboles. Pobre Karin había sido atacada por uno que recién había llegado de una casa y tenía vendas en la cara y en la mano, estaba con antibióticos y  calmantes, así que tampoco podía acercarme mucho a ellos, todos tenían su carácter y era mejor no acostumbrarlos mucho a la gente tampoco.

Quedaba Johnny, y a él si había que cuidarlo todo el tiempo. Karin me preguntó si me importaba que tuviera hongos ya que se podían contagiar a la gente. Yo respondí que no, siempre que le siguiéramos poniendo el líquido morado que ayudaba a secarlos. Así que me dijo que podía cuidarlo.

Era una tarea que compartíamos con otra papión juvenil, Mika, que lo tenía abrazado cuando lo poníamos en la jaula con ella y los otros jóvenes. Este grupo también podía salir de la jaula, pero para su protección si nos los vigilábamos, era mejor que estuvieran adentro, ya que los grupos de papiones salvajes venían casi todos los días y los machos dominantes podían atacar a las crías.

Mika era muy buena madre pero no tenía leche, así que no podíamos dejarla con ella todo el tiempo. Cuando estaba conmigo al principio no se separaba, como todos los monos bebés que están agarrados de la madre todo el tiempo. Con los días, fue ganando confianza y empezaba a explorar los alrededores, sin ir muy lejos.

Cuando lo teníamos en la casa estaba con pañales, le dábamos leche en mamadera y pedazos de frutas. Mi ropa a estas alturas ya estaba completamente manchada de morado por el remedio, y mis intentos de estar limpia eran bastante en vano, si lavaba la ropa, la tenia que secar en mi habitación, ya que sino la robaban los otros papiones.

Además no había electricidad, ni agua caliente y todavía hacia un poco de frío, así que era toda una estrategia lavarse y tratar de no tener pipi de mono en toda la ropa, sino solo en algunas prendas.

Pero todo esto no importaba, Johnny era adorable, se chupaba el dedo cuando dormía, se tiraba arriba mío jugando desde la mesa, y dos noches durmió conmigo. Esto era un poco complicado, ya que hasta para ir al baño en medio de la noche había que llevarlo, era imposible dejarlo, gritaba como si lo estuviera abandonando para siempre!

Y en la otra mano había que llevar una linterna y vigilar si no aparecía la serpiente venenosa que Karin me había dicho que vivía en la casa o las lauchas que se paseaban en la alacena. Lamentablemente había que esperar a la mañana para cambiarle los pañales, a pesar que hiciera falta!

Las pocas veces que intenté dejarlo en su jaulita para yo poder comer o para poder cambiarme de ropa, gritó tanto que hasta el día de hoy me siento culpable.

Steve era encantador también, y nos quedábamos hablando hasta altas horas de noche..ósea hasta las 19 o 20 horas…ya que no había luz teníamos que dormir temprano. Lo triste era que, a pesar que él adoraba los monos y que se llevaba muy bien con los vervets, Johnny le tenía terror.

Creo que lo identificaba con un macho dominante, así que Steve no podía ni tocarlo sin hacerlo gritar de terror y esconderse aún mas entre mis brazos. Solo algunas veces Johnny se le acercaba como un ratón se acercaría a un gato…para ver a donde están los límites y bien rápido salir corriendo.

A las mañanas cortábamos la fruta y verdura para todos los otros monos, o les cocinábamos arroz, todo esto con una sola mano, ya que la otra sostenía a Johnny que estaba agarrado de mi camisa.

Y a las tardes seguíamos cuidando a los juveniles, viendo el comportamiento de los monos salvajes que venían a visitar, paseando los dos perros huskies, también rescatados o haciendo enriquecimientos para los monos que estaban en las jaulas. También visité el pueblo, la playa y otro refugio de primates de todo el mundo que estaba cerca.

La semana paso muy rápido y fue tiempo de seguir viaje, todavía me quedaba un mes de descubrimientos y de visitas a parques nacionales y más. Steve se preguntaba quién iba a extrañar más: yo a Johnny o Johnny a mi…Decirle adiós a todos los monos y a mis amigos Karin y Steve fue muy triste.

Por suerte Johnny estaba con su mama adoptiva Mika, así que quedaba en buenas manos. Steve me dijo que había sido increíble conocerme, lo que sumado a la pena de dejarlos a todos me hizo explotar en llanto… y cuando empiezo a llorar no paro, así que seguí llorando en el autobús y en el nuevo pueblo al que llegué a la tarde.

Por suerte existe Facebook y podemos seguir en contacto, he recibido varias veces fotos de Johnny, que ha crecido mucho. Karin me corrige: es Adjony, lo que significa valiente en un idioma de Nigeria. Su nombre fue tan bien elegido: valiente monito que superó tantas adversidades y no dejó de ser adorable. Espero que a pesar de las dificultades que los primates de Sudáfrica enfrentan, tenga una vida larga y libre.

Amelie Delobel

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