Escuelas de verano en el Jardín Botánico de Montreal

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Los tres últimos veranos trabajé en el Botánico como animadora de escuelas de verano. Aquí en Montreal, estos programas son muy variados y populares, muchísimos niños aprenden en el verano deportes, artes, idiomas o ciencias, de forma lúdica y en la naturaleza.

Las escuelas del Jardín tienen una tradición de varias décadas, ya que el fundador del Botánico, el Hermano (católico) Marie Victorin creía firmemente en la educación en la naturaleza de los jóvenes.

Empezó en los años 30, al mismo tiempo que la fundación del Jardín, a ofrecer huertas educativas a los jóvenes citadinos.

Para mí era la primera experiencia en escuelas de verano, con la excepción de una escuela de natación y deportes a la que asistí cuando estaba en la primaria en Córdoba.

Entré a la gran familia del Botánico sin conocer mucho, pero dispuesta a aprender.

Las escuelas de verano se dividen en seis grupos, cada uno con temas diferentes: insectos, bosques, jardinería, geología, sobrevivencia y aves. La animadora que iba a ocuparse de la geología desistió a último momento, así que yo tomé su lugar, reemplazando el Biodome por el verano, que justo estaba cerrado por unos meses.

Así que mi primera experiencia fue enseñarles geología a un primer grupo de adolescentes y luego a tres grupos de niños. Aprendí mucho, visitamos el jardín, viendo las rocas. Lo más interesante fue una salida con un paleontólogo a una cantera a buscar fósiles del periodo Ordovícico, trilobites y moluscos, entre otros.

Tuve que elegir mi nuevo nombre, ya que nadie usaría los verdaderos. Después de mucho meditar elegí Ópalo, como la piedra, ya que mi primer tema seria la geología. En cada verano tenía 4 grupos de dos semanas cada uno, con unos 12 niños a mi cargo contando con la colaboración de un joven ayudante.

También me perdí en el jardín varias veces con los niños (les aclaro que es el segundo Botánico más grande del mundo, hasta el día de hoy cuatro años después soy muy capaz de perderme!) lo que me quitaba un poco de credibilidad que no tardaba en recuperar.

Mi segundo verano fue de encargada del grupo de insectos. Esta vez, la captura y la colección, porque también hay temas según los años. Fue muy divertido correr por los campos del botánico y de parques cazando insectos con una red y probando diferentes tipos de trampas. Claro que yo prefería liberarlos vivos, pero teníamos que guardar algunos para hacer una colección siguiendo las reglas entomológicas.

El tercer año fue en el que pasaron las cosas más graciosas, ya que el tema era la crianza de insectos en cautiverio. Teníamos en nuestro local varias jaulas, terrarios y acuarios con especies diferentes. O sea que tenía, aparte de cuidar a los niños, que cuidar unos cuantos cientos de insectos!

Una vez volvimos a nuestro local para encontrar la puerta de los insectos palo abierta. Era una puerta que cerraba mal. Los insectos palo son muy lentos, pero habían tenido toda la noche para escaparse. De los diez que teníamos recuperamos ocho, un noveno unos días más tarde y perdimos las esperanzas de encontrar al último, una gran hembra de insecto palo australiano de más de 15 centímetros de largo.

En medio de una actividad en nuestro local, alguien tocó la puerta; era la bibliotecaria, con nuestro insecto en un frasco, preguntándonos si era nuestro! La Biblioteca está bastante lejos de nuestra aula, en el mismo edificio pero a dos pasillos de distancia, y alli había ido nuestra fugitiva. Con mucha alegría la pusimos en su jaula y empezó inmediatamente a comer sus hojas de guayaba. Y la bibliotecaria nos confesó que casi lo mataron, ya que no sabían que era y les tenían miedo a los insectos.

También hubo un grillo que no solo se me escapó, sino que se dirigió a la oficina de la directora de las Escuelas de Verano, mi jefa, a la que no pude ocultarle el grillo escapado, ya que lo encontró ella misma!

La experiencia más graciosa, de lo cual hice prometer a mis alumnitos que guardaran el secreto fue el episodio de limpieza de las larvas de moscas del vinagre.

Teníamos dos frascos con larvas que vivían y comían una mezcla de puré de papas, cuando se hacían adultas volaban hacia la parte de arriba del frasco y la idea era pasarlas a otro recipiente con su mezcla limpia. Pero el problema es que seguían poniendo huevos y siempre teníamos larvas. El frasco empezaba a oler mal, así que decidí seguir una técnica que leí en un libro que consistía en inundar la mezcla para sacar las larvas que deberían flotar y así cambiarlas de frasco.

Por suerte decidimos hacer esta experiencia en el patio, ya que el resultado fue una mezcla de puré de papas con larvas desparramándose por todos lados e imposible de controlar. La gran mayoría terminó en el suelo así que lavamos todo lo mejor que pudimos después de haber prometido guardar el secreto. Nunca voy a olvidar la mirada de mis alumnos contemplando la masacre de las larvas.

Este año quise cambiar de tema, así que estoy preparándome para ser guía en otros jardines y en el evento Mosaiculturas, pero espero con ansias reencontrar a los niños con los que compartí tantas experiencias y a muchos de los cuales he visto crecer en los últimos tres años.

En unas semanas veré a los niños para los que yo siempre seré Ópalo, la cuidadora de insectos.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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