La venganza de los zorros voladores | Clanimal

La venganza de los zorros voladores

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En el 2010 hice un viaje de dos meses por Bali y Lombok en Indonesia, Australia, Tailandia, Hong Kong y Singapour.

En este viaje visité muchos parques y refugios y entre otras cosas interesantes hice mi curso de buceo en la isla tailandesa de Koh Tao.

Uno de los primeros refugios que visite fue el de las tortugas marinas, en la isla tortugas de Nusa Dua, Bali.

En este pequeño refugio colectaban huevos de tortuga, y una vez que nacían las liberaban en el mar guardando algunos animales para mostrarlos al público que visitaba el refugio. Era un emprendimiento del gobierno, y había guías en la entrada que nos acompañaban todo el circuito.

Había tortugas adultas carey, verde y olivácea y podíamos ver los bebés y también alimentar con algas a las adultas que estaban en un gran lago artificial. También había una colección de otros animales a los cuales podíamos tocar o agarrar para sacarnos fotos como águilas, calaos, iguanas y serpientes. Por supuesto que hice el tour completo, pregunté muchas cosas a nuestro guía y estuve bastante tiempo en la laguna con las tortugas.

Pero lo que nunca me voy a olvidar y la anécdota que ha hecho reír a muchas personas fue mi encuentro con un gran murciélago frugívoro, de los llamados zorros voladores.
Pudimos entrar a una jaula y el guía sacó de un gran canasto, agarrado boca abajo, un gran murciélago y me dejó sostenerlo de las patas, cabeza abajo.

La sola consigna era que no había que tocarlo. El problema es que era uno de mis grandes sueños tocar un animal de esta especie, así que muy disimuladamente le toque las patas y un poquito del cuerpo.

El murciélago emitió un gran grito agudo, como si lo estuviera casi asesinando… El guía me dijo muy amable, señorita, no lo toque por favor. Yo puse cara de inocente y el ciclo de repitió por completo una vez más…lo toqué, gritó, el guía me miró con cara de pocos amigos….Y ya no intenté de nuevo, le devolví el animal y lo puse de nuevo en la canasta. El resultado son unas fotos de mi cara de asombro con el murciélago enorme en mis manos.

Varios meses más tarde, en 2011, visité un zoológico llamado Cango, en Oudtshoorn, África del Sur. Este lugar es un centro de reproducción de guepardos, leones y más. A la entrada había un gran invernadero con animales tropicales de todas partes del mundo y cuando lo visité estaba sola con ellos, había aves como agamis y turacos y ciervitos como el dik dik que se acercaban.

La gran mayoría habían sido evidentemente criados por personas, ya que eran muy amigables. También había un zorro volador joven, que estaba colgado en las ramas y cuando me vió sentada en los senderos vino hacia donde yo estaba y empezó a trepar por mi pierna y a morderme amistosamente pero bastante fuerte por las manos y los brazos.

Evidentemente estaba siendo criado por algún empleado del zoo y buscaba una nueva amiga en mí. Pero me mordió bastante fuerte y era difícil saber cómo manipularlo hasta que finalmente lo agarré de las patas y lo colgué de una rama para poder seguir el recorrido.

Me fui pensando en el primer zorro volador que conocí en Bali, lo feliz que le hubiera hecho saber que un integrante de su especie se había vengado de mí finalmente.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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