Picaduras, mordeduras y otra

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Muchos deportistas se quejan que a pesar de los beneficios de los deportes sobre la salud, muchas veces sufren golpes, fracturas y más al practicarlos. Una naturalista podría decir lo mismo, los beneficios de tener una vida activa en la naturaleza son enormes…pero cuales son los riesgos?

En mi primera visita al Parque nacional Iguazú en 1993 me perdí de mi grupo de 4 amigas en un sendero en la selva. Termine viéndolas desde un punto mucho mas elevado. Tenía la vista de toda la selva interminable desde arriba.

En el mismo momento que encontré a mis amigas a la distancia, vi mi primer grupo de monos capuchinos saltando entre los árboles. Les avise a ellas y por supuesto no me creyeron porque no podían verlos desde debajo de la selva. Al mismo tiempo apoye mi mano sobre la baranda de madera que tenia adelante mío, lo que no le gusto mucho a la enorme avispa roja que estaba apoyada ahí mismo y que yo, por supuesto, no vi. El dolor en la mano y brazo me duro uno o dos días.

Otra vez que también me perdí de mi amiga en la isla del Sol, en pleno lago Titicaca, Bolivia (si, carezco de sentido de orientación totalmente, pero eso no me detiene a viajar por todo el mundo), entre por error al jardín de una casa. En este caso, el perro del lugar no parecía muy contento y me invitaba con sus ladridos a que me fuera.

Estuvimos frente a frente un buen rato, el ladrándome, yo explicándole que estaba perdida, pero que ya me iba de su territorio. En cuanto me di vuelta para irme me mordió fuertemente en la pierna, por suerte tenia un pantalón grueso y no me perforo la piel pero me dejo un gran moretón que se vio por semanas mezclado con las enormes picaduras de insectos que tenia. Los bolivianos me miraban las piernas con una mezcla de horror y disgusto, y hasta hubo mujeres que me preguntaron que me había pasado.

Pero mi primera gran cicatriz, que me va a acompañar toda la vida, fue de cuando trabajaba en el Zoo de Córdoba. Y no, no fue un animal que me mordió sino la puerta de una jaula pesadísima y oxidada que cayo sobre mis dedos abriendo longitudinalmente y torciendo un poco el hueso de otro. Éramos tres tratando de cerrarla y en el momento en que la puerta cayo, mi dedo estaba entre el techo de la jaula y la puerta.

No sentí nada, solo vi sangre cayendo sobre mi ropa. En ese momento tenia una monita agarrada de mi pelo, así que les pedía a mis amigas que la sacaran y caí semi-desmayada. Cuando estaba mas despierta le pregunte a mi compañero  que estaba desinfectando la mano si todavía tenia los dedos, por suerte la respuesta fue si. Sino estaría escribiendo estas palabras con 8 dedos solamente.

Ya en el hospital me pusieron la vacuna antitetánica, y los médicos se enojaron conmigo, ya que no acepté puntos. Me cure la herida yo sola, con aloe vera y en 2 semanas ya estaba cicatrizada. Cuando volví a la escuela el lunes siguiente, todos mis compañeros pensaban que me había mordido un animal.

Otras cosas no dejan cicatrices, como las varias veces que los tentáculos de medusas me tocaron nadando en distintas playas, las mordeduras de monos, loros, bebes yaguares, que en algún momento se infectaron y dolieron, pero después pasaron, los varios hongos o problemas de piel desconocidos que me contagiaron monos o perritos rescatados o que tuve por caminar horas por arroyos y terrenos humedos…Y de los piojos no les cuento ya que mi mama se va a enojar…

Hubo otras ocasiones que hubieran podido terminar muy mal, como este año, cuando una mona vervet en las Cataratas Victoria, Zimbabwe, opinó que yo estaba muy cerca de un árbol con sus bebes.

Un bebe se cayo y grito, y la madre pensó que era mi culpa, así que empezó a gritarme y a correr hacia mi mostrando los dientes para morderme, esta vez no trate de hacerla razonar, sino que empecé a correr, gritando <no me muerdas!>.

Creo que el hecho de haberme asustado y haberme hecho alejarme de sus bebes fue suficiente…no me mordió!

Por suerte nunca tuve ninguna zoonosis (enfermedades que los animales y el hombre comparten) como psitacosis, ni me contagie de hepatitis transmitido por los monos, como le paso a mi amiga en el zoo. Así que no me puedo quejar mucho, solo pasaron cosas superficiales.

Me parece interesante en cierta manera tener cicatrices, como las varias que tengo en las piernas por caídas a caballo, o en el codo por caída de una bicicleta en un terreno de arena en Kenya, son un recuerdo de una vida muy inquieta y llena de aventuras…aunque algunas de ellas no siempre terminen bien.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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