Buceando

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Siempre me ha interesado la naturaleza y desde todos los puntos de vista. Por esta razón y evidentemente siempre quise ser buzo. En 1994, hice un curso en Córdoba, pero a pesar de haber asistido a las clases y de haber hecho prácticas en los lagos de la provincia, no puede terminarlo y tener mi tarjeta de buzo. Debieron pasar 16 años hasta que en el la isla de Koh Tao, al sur de Tailandia lograra finalmente realizar mi sueño y convertirme en buzo.

Como pasaron tantos años, yo me acostumbré a hacer snorkel por todos lados, pasando horas observando los peces y demás vida marina. Snorkel es fácil, no hace falta más equipo que el tubo y la máscara.

También creo que tenía un poco de miedo de no poder compensar bien la presión de los oídos, ya que no lo había logrado tan bien en aquellos años en Córdoba. Por eso cuando llegué a la Escuela de buceo de la isla Koh Tao en Tailandia dudé mucho en hacerlo. Justo había leído un cartel en otro negocio de buceo que decía: “Usted se dice viajero? El mundo está cubierto 70% de agua, suerte con su 30%” Y esto me hizo reflexionar, realmente quería seguir mis exploraciones subacuáticas!

Mi profesor era un israelita de mucha experiencia, muy simpático y paciente. Los otros estudiantes del grupo eran de todas partes del mundo y la chica que fue mi compañera de buceo (porque siempre hay que bucear de a dos) se llamaba Elena y vivía en los Estados Unidos.

El primer día fue la teoría, el segundo las prácticas en la piscina de la escuela. La primera vez que respire bajo el agua con el aire comprimido me asusté un poco, hacia tanto que no tenía esa sensación!

El tercer día hicimos dos buceos a 12 metros de profundidad. Lo más difícil del curso fue sacarse la máscara bajo el agua, ya que en ese momento la tendencia natural es de respirar por la nariz, con la consecuencia que entra agua salada y da tos, todo esto bastante incomodo bajo el agua.

La primera vez que me pasó en la piscina salí del agua, pero como me explicaron más tarde, debía aguantar la sensación y seguir adelante, ya que a varios metros de profundidad no se puede salir rápido a riesgo de tener burbujas de nitrógeno en la sangre. Por suerte logre relajarme lo suficiente como para dejar pasar todas estas sensaciones y seguir adelante.

Además que los profesores nos agarraban del chaleco para que no pudiéramos tratar de salir del agua, no quedaba mucha opción que hacerlo bien!

Finalmente el cuarto día hicimos otros dos buceos a 18 metros, pasamos los últimos exámenes teóricos y prácticos y esa tarde nos dieron nuestras tarjetas de buzos en aguas libres de PADI! También nos mostraron los videos en donde estábamos haciendo nuestros primeros buceos y ejercicios del examen.

Incluso en esos cuatro buceos aproveché para ver la fauna marina ya que las condiciones de visibilidad eran excelentes. Pobres animales, pensé, ahora hasta los de las profundidades no se van a salvar de mi persiguiéndolos!

Bucear es bastante caro en todas partes del mundo y en los otros viajes que he hecho después no he tenido tantas oportunidades de seguir practicando. Buceé otras dos veces en el 2011 en la isla Cozumel de México.

Uno de los buceos fue de noche y vi varios pulpos nadando y cambiando de color y varios peces de comportamiento nocturno. Y por supuesto siempre seguí haciendo snorkel y viendo cosas extraordinarias. Antes de hacer el curso había nadado con las tortugas verdes, medusas y corales en la Gran barrera de Australia, me había escapado de las rémoras que querían pegarse a mí en México.

En Bali había visto las estaciones de limpieza en donde peces chiquitos limpian de parásitos a los grandes peces, incluyendo el interior de la boca. En esas islas vi peces payaso nadando entre las anémonas y tiburones de punta negra, grandes tiburones de unos 3 metros cuando nadaba sola en los arrecifes. Por suerte, sabía que esta especie no ataca a las personas. También nadé en el interior de un gran cardumen de peces jack que giraba en redondo.

He pasado tantas horas bajo el agua que en algunos momentos me he sentido casi parte del ecosistema, pienso seguir haciéndolo y seguir buceando en cuanto tenga la oportunidad, ahora que tengo el 100% del planeta para descubrir.

Llegando a la escuela hablé con una de las secretarias, yo seguía con muchas dudas si hacerlo o no. La oferta era muy buena, el curso no era caro, duraba cuatro días, había salidas al mar en los barcos de la escuela, todo el equipo, y libros estaba incluido y la acomodación también.

Yo seguía dudando…decidí ir al baño y cuando volví la secretaria me dijo que ya había llenado mi ficha de inscripción, solo me faltaba firmar. Viendo que no tenía alternativa y que era una muy buen oportunidad firmé los documentos sin pensarlo más.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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