Los patitos

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Una vez, estando todavía en la escuela secundaria, tuve la brillante idea de comprar un patito en una tienda de animales y traerlo al departamento donde vivía con mi mamá y mi conejo Fifí, en Alta Córdoba.

Había un patio de piso de mosaicos, en donde lo instalé. También le puse una palangana con agua y la comida que le había comprado. Era muy chiquito y completamente amarillo.

A la noche lo hice dormir en la cocina en una caja de la que se escapó en el acto, así que con mi amiga Alicia que se había quedado a dormir esa noche, lo veíamos caminar del otro lado de la puerta. Reflexionando que los patos nunca están solos, volvimos al negocio y compramos un segundo patito.

Estos dos se apropiaron del patio completamente. Entre ellos y el conejo yo debía limpiar el piso con una manguera muy seguido. A medida que pasaban los días e iban creciendo yo tenía que pasar más y más tiempo limpiando, hasta que se convirtió en algo casi continuo y allí me di cuenta que un piso de material no era hábitat conveniente ni para los patitos ni para mí…

Mi tío abuelo Héctor vino a buscarlos en su moto, intentó unos días tenerlos en su patio y luego cambió de idea y los llevó al Zoológico de Córdoba, donde deben haber terminado su vida en el gran lago y con cientos de otras aves acuáticas…mucho mejor.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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