Mi camello Yadud

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Una vez y por tres días, fui la dueña de un dromedario en el desierto del Sahara.

Si, ya se…suena tan increíble que es difícil de creer, pero esperen que les cuente la historia y van a ver que a cualquiera le podría suceder.

En 2011 viaje a Marruecos y a España por cinco semanas. Fue un viaje muy lindo, como todos los que he hecho. Visité varios queridos amigos en Barcelona y Madrid, estuve en la hermosísima Alambra en Granada y recorrí por dos semanas varias ciudades y pueblitos de Marruecos.

Tenía el sueño desde hacía muchos años de pasar unos días en el desierto del Sahara y por supuesto que quería hacer este viaje montando un dromedario. Mucha gente se confunde camellos (dos jorobas y asiáticos) con dromedarios (una joroba y africanos) yo sabía bien la diferencia pero a veces me parecía más fácil decir camello, cosa que los marroquíes se apuran en corregir. Así que de ahora en más, por favor no se ofendan si digo camello…ya saben que quiero decir dromedario.

Después de mucho averiguar, hablar con guías y más, partí de la cuidad histórica de Fez y llegue en plena noche a un pueblito llamado Rissani en el borde del desierto de Merzuga, en donde me estaba esperando un guía.

Esta persona había sido contactada por el guía que tuve en Fez, Alí que después de una tarde de mostrarme su ciudad se preocupaba por mi suerte y me ayudó con los contactos. Debo decir que casi no hay mujeres viajando solas por Marruecos, de hecho que solo vi una aparte de mí en las dos semanas, una chica de Montreal, con la que guardamos el contacto y con la que nos encontramos varios meses después ya de vuelta.

El problema es algo que me parece una gran paradoja. Los marroquíes por lo general esconden a sus mujeres ya que consideran que los otros hombres las molestan, las siguen, les dicen cosas. Por supuesto estos hombres que protegen a sus mujeres son los que molestan, siguen y dicen cosas a las otras mujeres.

Todo esto crea dos situaciones especiales: se ven menos mujeres en las calles y las pocas que hay, como yo, se hacen seguir, hablar y ofrecer casamiento sin pausa. Toda esta situación me parecía de lo más graciosa y nunca me sentí en peligro.

Pero debo aclarar que no acepté ninguna de las propuestas de casamiento, ni siquiera la de mi guía en el desierto Youssef, que fue la más seria y venia acompañada de una promesa de vivir entre los camellos. Lo pensé, pero su propuesta de casarme con él, convertirme al Islam y quedarme a vivir con su madre para ayudarla a cocinar no fue de lo más emocionante.

Esa primera noche en el desierto dormí en una habitación que no puede ver mucho, ya que no había electricidad. Pero a la mañana vi con gran sorpresa que era un hermoso hotel llamado “La estrella de las dunas” de un color que se camuflaba con la arena de los alrededores.

La primera mañana en el desierto, después de un gran desayuno de dátiles, pan con queso, dulces, y más me presentaron a Youssef, mi guía berber de 26 años y a Jadud, mi camello de 11 años.

Con ellos iba a pasar los tres próximos días. Mi guía casi no había ido a la escuela, pero hablaba razonablemente bien francés, inglés y español, además de sus dos lenguas, árabe y berber, así que si no nos entendíamos en un idioma pasábamos a otro sin dificultad.

Luego de ayudarme a ponerme un gran lienzo envolviéndome la cabeza y solo dejando los ojos visibles (para protegerme del viento, del sol y de la arena) monté mi camello y partimos. Enseguida empezamos a hablar, él caminaba guiándonos por caminos que solo él conocía.

Y así me fue contando su vida de guía, camellero, cocinero y músico (los guías son multiuso!) en el desierto y yo contándole de mi vida en Montreal y Argentina. Por supuesto que de lo que más le pregunté fue del cuidado de los camellos, un tema fascinante que ya había hablado con todos los cuidadores de camellos que había encontrado en el camino desde mi primer cuidad en Marruecos, Tánger hasta el desierto. Él me dijo que era la primera vez que guiaba a una chica sola, la gente siempre venia en grupos.

La primera parada fue en la tienda de una familia nómada, que nos ofrecieron té. Estas familias se instalan en donde hay un pequeño oasis, lo que significa un pozo con agua en la arena y algunos arbustos.

Luego seguimos viaje hasta otra tienda con otra familia que también tenían algunas cabras y ya nos instalamos a pasar la noche. Yo insistí para darle agua a Jadud, pero con gran sorpresa me di cuenta que no le interesaba en lo más mínimo beber.

Como Youssef me contó, los camellos prefieren estar más livianos cuando van por el desierto y ya llegando a su establo beben y comen a voluntad. Habíamos llevado al camello a comer hojas en un arbusto cercano y ya de noche se sentó en la entrada de la tienda y Youssef le ató las rodillas para que no se fuera. Esa noche estuvimos hablando hasta tarde con Youssef y el otro señor de la tienda, contando chistes y adivinanzas.

El segundo día llegamos a un campamento más grande, con una gran tienda separada en habitaciones con tapices. Aquí ya llegaron varias otras personas, visitantes de todo el mundo, con más guías y más camellos.

En un momento a la siesta en el que nos proponíamos a descansar, Youssef ató las rodillas del camello para que se quedara acostado cerca de la carpa. Yo opiné que la cuerda estaba muy ajustada así que la ató más floja. Luego de un rato escuche un grito en árabe que mi guía me tradujo: se había escapado nuestro camello. Así que salimos corriendo a buscarlo.

Lo logramos, pero nos llevó un buen rato alcanzarlo. Youssef no hizo comentarios, pero seguro su opinión de mí no fue muy buena en ese momento. Al atardecer subí a una duna alta como una montaña y luego tuve largas conversaciones con los otros guías y camellos.

La segunda noche fue muy diferente, los guías cantaron y tocaron instrumentos hasta tarde. La vida del desierto tenía algunos aspectos modernos sorprendentes, los celulares funcionaban y llegaban más empleados trayendo comida en jeeps pero vestidos con las túnicas y turbantes azules tradicionales, todo un espectáculo.

Por supuesto no había baños ni duchas, solo la inmensidad de las dunas, y agua de los pozos o en botellas. De hecho que una de mis ocupaciones fue recoger botellas de platico abandonadas para dejarlas en los basureros del campamento, con la esperanza que terminaran en algún basural. Lamentablemente no podíamos cargarlas en mi camello, ya que solo había lugar para mi pequeña mochila y algunas botellas de agua en las alforjas. También parábamos para ver lagartijas o escarabajos que increíblemente están adaptados a las condiciones áridas del desierto.

La tercera mañana, salimos hacia el hotel del cual partimos. Cuando llegamos pudimos finalmente dar agua y comida a Jadud, y ver todos los otros camellos, adultos y bebés. Dicen que tienen muy buena memoria y que son capaces de volver a su hogar desde cualquier lugar en el que se los deje, una gran hazaña que yo no hubiera sido capaz de realizar. Yo estaba ya pérdida a los cinco minutos de haber partido.

Luego de una ducha bien merecida, partí hacia mi siguiente destino, dejando a Youssef triste por no haber aceptado su propuesta y a Jadud feliz de estar en su hogar. Si existieran los universos paralelos, estoy segura que hay una Helena viviendo ahora en el desierto, envuelta en un turbante y cuidado a Jadud y a sus compañeros y cocinando cuscus y tajine con la mamá de Youssef. Pero esta Helena, la que les está contando estas anécdotas siempre prefiere seguir viaje.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

Comments

  • Helena Arroyo
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    Noelle, thanks so much for translating my articles!!!! I just saw it today! I am posting them in my FB page “Las anecdotas de Helena”
    Helena Arroyo

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