Salvados del Formol

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Recuerdo que mi abuela le tenía miedo y entraba a la noche a mi cuarto a ver si la araña estaba todavía en su terrario improvisado. Que paciencia me tuvieron…yo tuve tantos animales por distintos periodos de tiempo, siempre en mi cuarto y terracita…seguramente esas serán otras historias. Por tantos animales que no llegué a tiempo a salvar de una muerte segura, estos tres quedan en mi memoria con un final feliz.

Hace unos años pude salvar dos animales de ser ahogados en formol para quedar como ejemplares de estudio en laboratorios.

La primera fue una culebra en Abrapampa, Jujuy. Eso fue en el año 1998, en un viaje de 40 días con las hermanas N. dos amigas muy queridas: Luciana y más tarde en el viaje Verónica. Empezó en la esquina de mi casa, con un amigo de amigos que nos podía llevar en su camión hacia el norte del país. Viajamos por Jujuy, Salta, una gran vuelta en Bolivia y luego Entre Ríos y la costa de uruguaya. La mayor parte a dedo y haciendo camping.

Una de las paradas fue en Abrapampa, un pueblo en el altiplano en donde teníamos un amigo agrónomo. Él nos llevó a un centro de cría de vicuñas y chinchillas. Allí visitamos las instalaciones y hablamos con la veterinaria del lugar. Entre tantos temas, nos mostró una botella con una culebra y nos dijo que ella odiaba esos animales.

Esta pobre estaba destinada a ser conservada en formol en su laboratorio. Yo le pedí que me la mostrara y cuando me la dio, le dije rápido y sin darle tiempo a que cambiara de idea, que la íbamos a llevar lejos y liberarla y eso hicimos. La saqué de la botella y la dejamos ir en los pastizales.

La otra fue una araña pollito que estaba en un frasco en los laboratorios donde estaba estudiando ciencias naturales en Córdoba. La profesora nos estaba mostrando los animales conservados cuando noté que la araña se movía. Se la pedía a la profesora para liberarla y a pesar de mucho insistir me dijo que no.

Con mucha pena me volví a mi casa y unos momentos más tarde llegó una de mis compañeras, una gran amante de los animales también que se había robado el frasco pero no podía llevarla a su casa. Me la traía para que yo la cuidara hasta que pudiéramos liberarla en el campo. Yo la instalé en un balde con tierra, y una tapa de vidrio y llamé al Centro de Zoología Aplicada de la Facultad de Biología.

Hablé con un experto en arañas, me dijo que la especie era Gramnostola pulchripes y que iba a estar bien unos días sin comer, solo que pusiera agua en un algodón para que pudiera tomar. Así que la tuve unos días y a la primera oportunidad la lleve al campo y la dejé ir. Si no hay movimientos bruscos no son agresivas.

Hasta pude ponerla en mi mano para depositarla en el suelo. La historia se repitió unas semanas más tarde con otra araña pollito que me trajo un amigo. La había encontrado en la fábrica donde trabajaba y la gente la quería matar, por suerte pensó en mí. También la liberé a los pocos días.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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