Italia

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Ah Italia! Me he pasado la vida pensando en el país de tres de mis abuelos y sintiéndome italiana aunque nunca había estado allí.

En diciembre del 2003 me recibí de geógrafa ambiental después de tantos años pasados en la universidad y tomando cursos. Como terminé en pleno invierno era bastante difícil conseguir un trabajo en Montreal. Hice un curso del gobierno de orientación laboral para inmigrantes que se acababan de recibir. Fue de varias semanas.

Allí conocí gente de todo el mundo en mi misma situación. Aprendimos a hacer cartas y currículos, a analizar el mercado laboral y más. Todo muy útil, pero a fines de enero seguía sin encontrar trabajo y bastante triste. Decidí irme a Italia por tres meses y volver a Montreal cuando fuera verano. Quería visitar a mi familia y como no tenia mucha plata la idea era trabajar en granjas orgánicas. Justo antes de recibirme había tomado un curso de italiano en la universidad así que iba a practicar el idioma.

En cuanto llegué a Italia mi estado de animo cambió completamente…dejé toda la tristeza en Montreal. Mi primera palabra en italiano fue “baño” a un señor del aeropuerto, por suerte se decía igual!

Llegué a Milán a visitar a mis primos. Ellos vivían en un pueblo llamado Cassano de Adda. Allí me quede las primeras semanas.

Existe un grupo internacional llamado WWOOF (Oportunidades mundiales de trabajo en granjas orgánicas), así que me inscribí, me mandaron la lista de granjas y elegí las más interesantes.

De allí hice viajes de un día a Génova, Venecia, Milán, todo me fascino.

Luego partí a Sicilia, la tierra de mis nonos a visitar a la familia de mi nona en un pueblito en las montañas llamado Capizzi, del que tanto oí hablar toda mi vida. En el camino paré en Florencia, Roma, la costa de Amalfi, Sorrento, Nápoles.

Llegué a Capizzi de noche así que recién a la mañana siguiente vi desde mi ventana el volcán Etna impresionante a la distancia.

Me encontré por primera vez con esta gran familia, tíos, primos, y mi otra Nonna, la única hermana viva de mi querida abuela. Fue como de película, gran parte de los habitantes del pueblo eran mis parientes! Y había algunos que se parecían físicamente a mi…fue encontrar una gran parte de mis raíces.

Todos fueron tan amables conmigo, hubo tantos almuerzos, cenas, fiestas. Además era tiempo de pascuas, así que hubo muchas procesiones y visitas a la iglesia. Yo era presentada como la “cugina americana”, la prima de América. Algunos parientes lejanos me invitaban a sus casas a ver fotos de toda la familia, de varias generaciones: casamientos, bautizos y más. Todos recordaban a la Nona, que pena que no puede contarle que finalmente estaba en la tierra de su infancia.

Sentí que me aceptaron como soy, a pesar que a ellos les parecía raro que viajara sola, que quisiera trabajar en las granjas y que me fuera a caminar por el pueblo sola. También fuimos a visitar la granja que tenían en otro pueblo, donde criaban cabras y ovejas para producir queso pecorino, una especialidad siciliana.

Por suerte mi curso de italiano me sirvió mucho, ya que podíamos comunicarnos sin problemas, solo cuando hablaban su dialecto siciliano y quedaba afuera de las conversaciones. Pude presenciar varias muestras del carácter siciliano y entender un poco más a mis abuelos y aspectos de mi propia personalidad.

Ellos son tan elegantes, y yo viajaba con muy poca ropa, y en no muy buen estado, la Nona me decía que hubiera podido tener un pantalón más y se ofrecían  a prestarme ropa y zapatos. Pero las telas trasparentes y los tacos altos no eran mi estilo, así que yo seguía firme con mis pantalones estilo safari! Me decían que si alguien miraba mis zapatos era porque estaban tratando de adivinar de donde era. Me imagino que se daban cuanta en el acto que no era italiana!

Me quede dos semanas finalmente ya que la Nonna no quería que me fuera. La despedida fue muy triste, todos llorando…pero que alegría haberlos conocido!

La siguiente parada fue una granja en Cava d Ispica, cerca de Módica, siempre en Sicilia. Elegí esta granja porque era situada en un parque arqueológico y tenían caballos también! El lugar era increíble. Me quede en una casa de piedras con otros cuatro voluntarios. Una de ellas, Audry, resultó vivir en Québec, así que nos hemos vuelta a ver aquí en Montreal, y hasta vino a Argentina una vez, así que ahora es amiga de mi mamá, y de varios de mis amigos!

Teníamos que trabajar unas seis horas por día limpiando los campos de piedras, cuidando a los caballos (ese era mi trabajo, por supuesto) y sembrando algunos jardines en las terrazas  cerca de la casa. A cambio, teníamos casa, comida y la amistad del dueño que nos llevo varias veces a la ciudad, a fiestas de sus amigos, al mar. Me iba a quedar una semana pero me quede dos, enamorada del lugar, de la gente y de las ruinas que nos rodeaban. Cava d Ispica tiene tanta historia.

Los paredones de piedra calcárea de las montañas fueron convertidos en cuevas y habitaciones por miles de años. Ahora están abandonados y son protegidas, pero en otras épocas debe haber sido un pueblo muy ocupado. Una de las habitaciones se llama “El palacio”, con varios pisos de cuevas, fuentes, patios. Tratamos de subir en medio de los arbustos espinosos, lo logramos pero llegamos muy arañados, solo para ver que había un camino con escaleritas que no habíamos visto. También había cementerios subterráneos, ya no estaban los cuerpos pero se veían las estructuras laberínticas. Incluso al lado de nuestra casa había cuevas y caminos de piedra.

Me hice amiga de los caballos, les daba comida, los montábamos a las tardes y hasta ayude al herrero que vino a cambiarle las herraduras un día.

Antes de volver a Milán, visitamos con dos de los chicos Siracusa, y otra granja en donde nos quedamos tres días, limpiando los limoneros de las enredaderas que los invadían.

Ya de vuelta en Cassano de Adda y luego de descansar unos días fui a Torino a mi última granja en donde me quedé diez días. Era una granja escuela, con restaurante y una gran cantidad de animales. Aquí mi trabajo era alimentar a las gallinas, limpiar las caballerizas, sacar a pastar las ovejas gigantes y ayudar en la cocina y con los grupos de niños que llegaban.

Me hice muy amiga de la cocinera que me llevo a visitar su familia y del dueño que me llevo a varios pueblos y a ver los viñeros y las escuelas de vitivinicultura. Él daba clases de equitación así que a las tardes tuve mis primeros cursos, en donde se debía montar estilo ingles, sin agarrarse más que de las riendas. Yo siempre monté estilo americano, agarrándose de las crines o de la montura. Me retó tanto, pero yo seguía agarrándome cuando no me veía. Me encantó la vida de granja, y me hice muy amiga de todos los animales, pero llego el momento de partir nuevamente. Así es la vida del viajero.

Llegue a Cassano por ultima vez y ya terminados los tres meses volví a Montreal.

Tenia razón, era mucho mas fácil conseguir trabajo en verano, enseguida comencé a trabajar en varios lugares y ya a planificar mi próximo viaje a Argentina y luego Cuba. Mi Nonna siciliana partió a reencontrarse con sus ancestros unos años después, mi familia sigue en Milán y Sicilia y espero verlos nuevamente. La cugina americana no los olvida.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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