La palabra que empieza con S

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Desde chica me da impresión la sangre…sobre todo en combinación con agujas…inyecciones, sueros, sacadas de sangre. Tanto que nunca pude considerar seriamente ser veterinaria o técnica en salud animal (un programa que se da aquí en Montreal), dos carreras que me hubiera gustado seguir.

Solo me han sacado sangre tres veces en mi vida, una vez cuando era chica, que mi mamá tuvo que perseguirme por toda la cuadra y empujarme hacia el laboratorio y dos veces ya de grande aquí en Montreal, en donde casi me desmayé y las enfermeras se enojaron conmigo por el escándalo que hice. Si, ya se, soy exagerada, pero es más fuerte que yo.

Hubo dos veces que por querer superar esta fobia terminé pasando grandes vergüenzas.

Una vez, estando en la escuela secundaria acompañe a un amigo al veterinario. Tenía un cachorro de cocker que se había contagiado de parvovirus y había que ponerle suero. Yo me paré muy cerca para poder ver el procedimiento con la idea de irme acostumbrando.

Mi amigo había pasado un buen rato explicándole al veterinario cuanto me gustaban a mi los animales, cuanto lo estaba ayudando con este cachorro y demás elogios. Cuando vi como le ponían el catéter sentí que la sala se daba vueltas, me sentí tan mal que me fui a sentar al escritorio y me desmayé. Para mi gran vergüenza me di cuenta que tuvieron que dejar el perrito y venir a atenderme a mi.

La otra vez fue en un primer día de clases en los cursos de profesorado de Ciencias naturales que había empezado en el 97 en Córdoba. La primera materia fue Biología celular. Era un día de mucho calor, y yo ya me estaba sintiendo un poco mal. Todo empeoró cuando la profesora se pinchó el dedo con una aguja para mostrarnos la muestra en el microscopio.

De solo ver ese procedimiento me recosté en un banco y me desmayé. Sentí que me bajo la presión tanto que cuando me desperté no podía hablar coherentemente. Trataba de decirle a las compañeras que recién estaba conociendo que yo era una persona normal…solo que no podía expresarme, las palabras se me cruzaban. Por suerte en las horas siguientes volví a la normalidad y mis compañeras no se hicieron demasiada mala idea de mí.

Mi papá sabe como me afecta todo esto así que a veces me hace bromas y agarra mi brazo como si fuera a tomar una muestra! Yo empiezo a gritar siempre…y tenemos un código, cuando hay que hablar del tema, decimos la palabra que empieza con S para no nombrarla…

No se como hubiera sido diferente mi vida si yo hubiera sido más fuerte con este tema, hubiera sido veterinaria? Tal vez no…solo hubiera sido una persona más normal y a esta altura por lo menos sabría cual es mi grupo sanguíneo.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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