Persiguiendo tortugas en Costa Rica

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Una vez, en una presentación que hice en una actividad ambiental había que presentarse diciendo con que animal nos identificábamos. Yo me siento un poco como una tortuga de mar saliendo del huevo y dirigiéndose a la playa. Nada las detiene, solo quieren avanzar y encontrar el mar.

Un poco especifico, no? Pero así me siento y sobre todo así me sentí en el 2003, cuando estuve en Costa Rica, Nicaragua y Panamá por dos meses. Casualmente mi objetivo era encontrar las tortugas marinas y en ese proceso, me convertí en una de ellas, nada me detuvo…caminé por playas desiertas, me perdí en manglares, visite playas de noche, sin linterna y sola…

Adoré Costa Rica, es un pequeño país, tan diverso en sus ambientes, con gente tan amigable, y tan fácil de viajar. Me sentí libre, segura y sorprendida de su gran biodiversidad todos los días que pase allí.

Empecé el viaje visitando mi amiga de Córdoba, Maria y su marido Memo. Ella estaba haciendo una maestría en el tema aves y tenían también un café librería en donde pasamos varias tardes junto a sus amigos que venían de todo el mundo.

Era julio y agosto, la época de las arribadas, las llegadas de las tortugas para poner huevos en las playas. En algunas ocasiones eran tantas llegando al mismo tiempo que no tenían lugar o que se aplastaban los nidos las unas de las otras.

Con ella visitamos el Parque Nacional Tortuguero y como ella conocía a toda la gente allí, me dejaron ser voluntaria por una noche. Ser voluntario era un proyecto a largo plazo, pero hicieron la excepción y pude pasar la noche recorriendo la playa para vigilar que nadie molestara a las tortugas hembras que venían a poner sus huevos, ni que nadie se robara los huevos. También hay un proyecto de investigación de identificar a las tortugas que vienen, muchas tienen etiquetas de metal puestas por otros investigadores, ya sea en las patas o en el caparazón.

Luego de mucho caminar salió la primera tortuga verde del agua, hizo su nido, puso los huevos, los enterró y se fue. Había también algunos turistas con sus guías que podían mirar, pero nosotros teníamos el privilegio de poder estar muy cerca, verificar el número de la etiqueta y contar los huevos. Las hembras están totalmente concentradas en su tarea, no tienen ojos no atención para nada más…es como si estuvieran en trance.

Averigüé cuales eran las mejores playas para ver las arribadas y trate de visitar algunas. Una de ellas era la playa Ostional, un pequeño pueblito, con una gran playa virgen llena de cangrejos y jotes de cabeza negra. Llegué a dedo, ya que no había transporte y de noche intente salir a ver si llegaban las tortugas, pero mi linterna estaba sin baterías, y no había ni luz ni otras personas con quien salir.

Esa noche fue una de las pocas en mi vida que me sentí tan sola. No tenia nada que leer, no llegaban las ondas a mi radio, no había TV, la gente del hostal donde me quedaba no estaban…nada, así que camine un poquito y me dormí muy temprano y sin ver las tortugas.

Otra de las playas más importantes es Nancites, en el Parque Nacional Santa Rosa de Guanacaste. Me quede en el parque unos días y pedí un permiso especial para poder visitar esta playa. Solo era accesible para los estudiantes de la maestría en Vida Silvestre que mi amiga estaba haciendo y para otros investigadores. Estaba a unos 25 Km. de las habitaciones en donde yo me estaba quedando.

Me explicaron el camino, que era por unos manglares llenos de cangrejos y colinas…no muy claro, pero partí. Camine todo el día, encontré solo dos personas que me confirmaron que estaba en el buen camino. Llegue al centro de investigaciones, me reencontré con los estudiantes que ya había visto en otras ocasiones y me quede a dormir allí a pesar que no tenia nada más que un pareo. Por suerte me prestaron un colchón y me convidaron algunas cosas para comer.

Lamentablemente no vi. las tortugas esa noche, pero el camino fue inolvidable. A la mañana siguiente volvimos por otro lugar con algunos de los estudiantes. En un momento había que bajar por un acantilado de unos 30 metros, solo agarrado de una cuerdita y poniendo los pies en las rocas que a veces se iban cayendo hacia el vacío. Tuve bastante miedo, sentía mis gotas de sudor cayendo mientras el chico que me iba indicando donde poner los pies me retaba por no hacer exactamente como el decía. Es que me costaba bajar mirando hacia las rocas, tenia una tendencia a querer darme vuelta y sentarme, lo que solo ocasionó que rompí mi pantalón para aumentar mi vergüenza.

Finalmente llegué a tierra, volví a mi campamento en camioneta y como tortuguita seguí viaje a la próxima destinación.

En ese viaje no fueron solo las tortugas las que me dedique a perseguir…también los monos aulladores, capuchinos, arañas, las iguanas, las aves, y la fauna subacuatica. Pasé tantas horas viendo peces haciendo snorkel que me sentía casi un pez más.

Volví a Montreal con varios kilos menos, muy contenta de la experiencia y feliz de haber podido ver tortugas, aunque en algunos lugares se me hicieron difíciles… Mi búsqueda sigue… unos años mas tarde las vi nadando en Bali y en la Gran Barrera de coral en Australia. Hasta agarré una que estaba nadando cerca y que los buzos me habían dicho que les gustaba ser tocadas y nadamos juntas por un corto momento.

La que me falta ver es la tortuga luth, la mas grande de todas, que también va a Costa Rica y que lamentablemente esta en peligro de extinción. Una de las causas es la colecta ilegal de huevos, ya que se comen y son considerados afrodisíacos. Algún día me dedicaré a buscarla en las playas que más posibilidades tenga de verlas y les contare de estos gigantes del mar. En cuanto a mi, sigo como tortuguita que va hacia al mar…pero yo a diferencia de ellas voy hacia donde pueda encontrar animales, verlos y ayudarlos en lo más que pueda, ese es mi mar.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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