Swakopmund: El desierto en Namibia

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Imagínense un pueblo bastante grande en medio del desierto de Namibia. Ahora imaginen que cuando lo visitan, es como si estuvieran en un pueblo de Alemania… Raro, no? Pero así es Swakopmund y además de estar rodeado de dunas, en el otro lado esta el mar.

En ese pueblo, que visité en el tour que hice por África en el 2012-2013, encontré algunas mujeres Himba, que tanto quería ver, vendían pulseras de semillas y de plástico reciclado. Y muy cerca había panaderías alemanas, y todo de tipo de negocios de lujo.

Los Himba son uno de los pueblos africanos que más guardan sus tradiciones. Son polígamos, y verlas es como estar viendo fotos del Nacional Geographic. Las mujeres no usan mucha ropa, solo unas polleritas, y se cubren el pelo y el cuerpo de una mezcla de arcilla, ocre y plantas. Esta mezcla les da un color rojizo al cuerpo y transforma el pelo en rastas arcillosas.

Estuve un rato tratando de hablar con ellas, jugando con sus bebés y para esto les compre sus pulseras, ya que sino no me hubieran prestado mucha atención. No hablaban ingles más que para decir los precios. Olían a arcilla. Me parecieron tan hermosas, tan únicas, tan adornadas. La globalización afecta estas minorías. Ojala guarden su cultura.

Era un lugar fascinante, tan diferente de todo lo que habíamos visto en otros países africanos.

De todas formas es un pueblo muy interesante para ver animales. Para empezar, en las afueras del pueblo había un río que desembocaba en el mar lleno de flamencos. Pasé bastante tiempo mirándolos a la distancia.

Hubo un día en especial en que vi tantos animales! Empecé por hacer un crucero desde el puerto de la bahía de Walvis. Antes de subir al barco vi que había un pequeño corral con juveniles de pelícanos. Eran huérfanos que habían sido encontrados en la zona. La gente que trabajaba en el puerto los alimentaba con pescados hasta que fueran lo suficientemente grandes para partir.

Entré al corral y estuve un rato con ellos, a pesar que lo único que querían de mi era comida, como no tenía nada, intentaban ingerir mis dedos, brazos o ropa…sin ningún éxito. Había varios adultos del lado de afuera que esperaban algún pescado y también probaban de picotear la ropa y cualquier parte del cuerpo en un descuido. Por suerte y a pesar de ser un pico tan grande, no duele para nada. Para lograr sacar fotos les mantenía el pico cerrado, sino se movían demasiado. Típico comportamiento de pichones criados por gente!

Ya en el barco vimos colonias de lobos marinos del cabo, delfines de nariz de botella y aves como alcatraces y más pelícanos. Nuestro guía nos mostró un criadero de ostras en pleno mar y nos dio muchísimas a probar. En un momento vino un gran pelicano adulto volando a toda velocidad y se posó en nuestro barco.

Con muchísimo entusiasmo y cariño se le acercó al capitán, evidentemente tenían una gran historia de amor entre ellos. También subieron al barco varios lobos marinos juveniles que a pesar de ser totalmente salvajes se acostumbraron a que les dieran pescado desde el barco. No tenían nada de miedo, uno se subió a mi falda para que el capitán le diera de comer. Se quedaban un rato para gran deleite de todos los pasajeros y luego se iban.

Cuando volví del crucero, me quedé un rato en la agencia que vendía los pasajes. Estaba en pleno desierto y tenían dromedarios, y dos guacamayos de Sudamérica. Estos dos estaban sueltos y se los veía muy acostumbrados a la gente. Cuando uno se subía en mis brazos para llevarlo a otro lado, el otro se movía impaciente hasta que lo buscaba también y lo llevaba al mismo lugar que su amigo.

No pensaba ya hacer más tours ese día pero realmente quería ver la fauna del desierto así que hice una visita en una moto cuadriciclo con un guía para ver si veíamos reptiles.

Era plena siesta, yo tenía sandalias, en cuanto la arena tocaba mis pies me ardían de tan caliente que estaba.

Estuvimos un rato dando vueltas en el cuadriciclo, el guía paraba en cada planta que encontrábamos, para ver si había algún animal aprovechando la sombra. Encontramos finalmente una lagartija buceadora de la arena (se llamas así porque se entierran como si estuvieran nadando en el agua) y una víbora venenosa, la viperina de Namibia.

Fue un día inolvidable, flamencos, pelícanos, lobos marinos, delfines, dromedarios, guacamayos y serpientes del desierto…todo en un dia!

Namibia no dejo de sorprenderme con tantos kilómetros de desiertos, todos distintos, dunas, piedras, montañas…colores y plantas increíbles. Y seguí comprobando que el desierto esta lleno de vida, solo hay que saber donde buscar…o tener buenos guías.

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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