Una Esperanza en Uganda

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A finales del año 2012, en medio del viaje por África con la compañía Oasis, paramos por unos días en Kampala, la capital de Uganda. Hicimos camping en un albergue muy simpático.

El día que les voy a contar empezó con mi grupo yendo a visitar barrios de la capital. Yo ya había hecho un tour muy parecido en África del Sur el año anterior, por lo  que preferí ir a pasar la tarde a la Sociedad Protectora de Animales que estaba muy cerca.

Había un anuncio en el albergue diciendo que aceptaban voluntarios y donaciones y con mi compañera de aventuras, mi amiga australiana que adoraba los animales también, hacia allí fuimos.

El coordinador del grupo nos esperaba, ya que lo habíamos llamada el día anterior.

Nos dio una visita guiada del refugio, nos presentó al veterinario, al otro empleado que estaba allí, y nos mostró todos los jaulones de perros y la jaula con gatos.

La gran mayoría de los perros eran marrones, en contraste con los perros callejeros de Córdoba, Argentina, en donde son mayoritariamente negros. Los tenían de a cinco o seis y hacían una rotación para que salieran a correr por el patio un grupo a la vez.

Probablemente por las condiciones climáticas, la gran mayoría de los perros tenían lastimadas las orejas, parecía que alguna mosca había puesto huevos en las lastimaduras. Nuestro guía nos contó que trataban muy fuerte de controlar esta situación pero evidentemente no les estaba dando resultado.

Había una gran jaula llena de cachorros, con los que estuvimos un rato largo. También visitamos los gatos, la mayoría muy jóvenes.

Este refugio es uno de los pocos en Uganda, y sobreviven con donaciones. El veterinario tiene su clínica privada allí misma, y les ayuda a pagar el alquiler y a dar los cuidados a los animales.

Nos presentaron a la estrella del refugio: Hope (Esperanza) una perra que tenia las piernas traseras paralizadas. Su historia es tan increíble que una mujer (Sara Schmidt, 2011) la escribió en un librito que nos dieron y aquí se las cuento:

Una perrita marrón nació en las calles de Kampala. Un día esta perrita encontró un niño sentado solo en la vereda, se le acercó queriendo hacerle compañía pero el chico lo echó de mala manera.

Pasó bastante tiempo en el que ella se acercaba a gente queriendo hacer amistad pero todos la rechazaban. Una noche se dirigió al estacionamiento de taxis de Nakawa y finalmente encontró un verdadero amigo, el guardián del lugar, Juko.

Él la aceptó como mascota, la cuidó y le dio de comer. La bautizó con el nombre de Happy (Feliz), porque ella estaba siempre feliz de verlo llegar.

Cuando Happy cumplió un año su panza empezó a crecer, estaba esperando cachorros. Esto la hacia sentirse más cansada y pasaba tiempo durmiendo a la sombra de los taxis.

Un día, un hombre cruel que odiaba los perros decidió pasarle por encima con su taxi! Juko le grito que se detuviera pero el hombre no lo hizo. La pobre perra gritó de dolor mientras el auto le aplastaba el cuerpo. Sus cachorros murieron, sus huesos se quebraron, nunca iba a poder volver a usar sus piernas traseras.

Muchos lloraron al ver tanto sufrimiento. Happy se quiso esconder y se fue, arrastrándose lentamente con las patas delanteras. Juko y los demás pensaron que se había escondido para morir tranquila.

Milagrosamente, Happy no murió. A los cuatro días la vieron aparecer nuevamente en el estacionamiento. Juko no podía creer que tan fuerte era! Le dieron de comer y trataron de ayudarla, pero no sabían como.

A las semanas, ella podía caminar solamente con las patas de adelante, arrastrando las de atrás. Lamentablemente siguió enfermándose, contrajo infecciones y molestaba a los otros taxistas. Uno la llevó lejos y la abandonó, pero ella volvió!

Los meses pasaron y un día ocurrió un milagro: Remmy, uno de los empleados de la SPCA pasó por este lugar y vio a Happy. No podía creer que ella estuviera caminando de esta manera! Se dio cuenta también de lo enferma que estaba y la llevó al refugio.

Allí la atendió el veterinario, la medicó y la alimentaron muy bien. En unas semanas ya había mejorado mucho, parecía un perro totalmente diferente! Los empleados le dieron un nuevo nombre: Hope, ya que esta palabra resumía la vida de esta perrita.

A pesar de todo lo que había pasado, seguía alegre y queriendo a la gente. Una organización de Estados Unidos donó una silla de ruedas para perros, para que pudiera caminar por el patio. Ella se adaptó muy bien. Juko y los otros taxistas vinieron a verla un día, no podían creer lo bien que estaba! Les parecía un milagro! No sabían de la SPCA, pero ahora podrían contactarlos en cuanto vieran otro perro en dificultad.

Hope vive en un jaulón con Nelson, otro perrito al que le faltan patas, pero que logra caminar. Se han hecho muy amigos. Juko viene a visitarlos seguido, ella siempre lo reconoce. Hope encontró lo que tanto buscaba, gente que la quisiera! No guarda rencor hacia el hombre que la atropelló, en el corazón de un perro solo hay lugar para el amor.

Yo leí esta historia al día siguiente de haberla conocido…no imaginaba por lo que había pasado!

Nuestra tarea consistió en ayudar a sacar a pasear a los perros por el barrio. Teníamos dos cada una más los tres o cuatro que llevaba el cuidador. Hicimos el recorrido unas tres veces, así que sacamos varios! La gente del barrio nos miraba con curiosidad, aunque imagino que estaban acostumbrados a ver voluntarios extranjeros paseando a los perros.

Mi amiga dejó una donación muy generosa, y yo compre varias películas usadas que estaban a la venta en su pequeño kiosco. Intercambiamos e-mails y más para seguir en contacto y mandarles nuestras fotos, cosa que hice en cuanto llegué a Montreal.

Cuando nos estábamos yendo, un señor de la casa de al lado nos vino a buscar para mostrarnos a su perro también. Era un medico obstetra y esa era su clínica. Lamentablemente tenía a su cachorro atado con una cuerda muy corta en el patio de su casa.

Decía que sino se le iba a escapar. Que pena que las actitudes de la gente, aunque sea bien intencionada, sean de tanta ignorancia con respecto a las necesidades de los animales. Esto le he visto tanto, y en todos los lugares que he visitado.

Cualquier trabajo voluntario con animales es una gota de agua en el mar…pero por supuesto importante. Algún día la visión general va  a cambiar y se van a respetar todos los seres vivos. Espero estar viva para verlo. Por lo pronto, en Uganda, hay una pequeña esperanza…

Author: Helena Arroyo

Amelie Delobel

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