Fifí (parte 2 de 3)

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Comía de todo, incluso cosas que ahora sé que no son muy buenas para conejos, como chocolate, flores, pan, frutas…

Cuando me iba de viaje mi mamá y abuela lo cuidaban ya que lo adoraban también. Él se alegraba de verme cuando yo volvía.

En una época traje otra coneja blanca, Plaxy para que le hiciera compañía. Siendo ella todavía joven, una mañana aparecieron en el patio cuatro conejitos recién nacidos.

Ella no había hecho un nido, como debería haber hecho y evidentemente no sabía cómo cuidarlos. Dos murieron, otros dos traté de cuidar yo sin éxito. Era difícil mantenerlos lo suficientemente calientes.

Con el tiempo me di cuenta que si les hubiera puesto una lámpara y hubiera agarrado a la coneja para que les diera leche una o dos veces por día, a lo mejor hubieran sobrevivido. Las conejas salvajes los dejan solos en sus madrigueras y vuelven solo a la noche.

Para que no se repitiera la experiencia termine regalando a Plaxy a uno de mis compañeros de escuela. Pienso que probablemente se fue embarazada, así que tal vez haya descendientes de Fifí en algún lado de Córdoba.

Fifí se quedó bastante triste por unos días, seguro la extrañaba.

A veces lo llevaba a algún parque para que comiera pasto o a la terraza del edificio para que corriera un poco.

No siempre todo fue color de rosa, a veces hacia pis en mi cama, una vez lo rete tanto! No sé si será que entendió pero no hizo nunca más. Otra vez comió la punta de un libro que no era mío y tuve que explicar a la persona que me lo presto que había pasado.

También mordisqueaba mis libros, revistas, sillones y más…comportamiento típico de los conejos.

Fifi

Autor: Helena Aroyo

 

Amelie Delobel

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