Italia (parte 1 de 5)

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Me hice amiga de los caballos, les daba comida, los montábamos a las tardes y hasta ayude al herrero que vino a cambiarle las herraduras un día.

Antes de volver a Milán, visitamos con dos de los chicos Siracusa, y otra granja en donde nos quedamos tres días, limpiando los limoneros de las enredaderas que los invadían.

Ya de vuelta en Cassano de Adda y luego de descansar unos días fui a Torino a mi última granja en donde me quedé diez días. Era una granja escuela, con restaurante y una gran cantidad de animales.

Aquí mi trabajo era alimentar a las gallinas, limpiar las caballerizas, sacar a pastar las ovejas gigantes y ayudar en la cocina y con los grupos de niños que llegaban. Me hice muy amiga de la cocinera que me llevo a visitar su familia y del dueño que me llevo a varios pueblos y a ver los viñeros y las escuelas de vitivinicultura.

Él daba clases de equitación así que a las tardes tuve mis primeros cursos, en donde se debía montar estilo inglés, sin agarrarse más que de las riendas. Yo siempre monté estilo americano, agarrándose de las crines o de la montura.

Me retó tanto, pero yo seguía agarrándome cuando no me veía. Me encantó la vida de granja, y me hice muy amiga de todos los animales, pero llego el momento de partir nuevamente. Así es la vida del viajero.

Llegue a Cassano por última vez y ya terminados los tres meses volví a Montreal.

Tenía razón, era mucho más fácil conseguir trabajo en verano, enseguida comencé a trabajar en varios lugares y ya a planificar mi próximo viaje a Argentina y luego Cuba.

Mi Nonna siciliana partió a reencontrarse con sus ancestros unos años después, mi familia sigue en Milán y Sicilia y espero verlos nuevamente. La cugina americana no los olvida.

Italia

Autor: Helena Aroyo

 

Amelie Delobel

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