Anécdotas acuáticas (parte 1 de 5)

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Siempre fui muy acuática, desde chica cuando aprendí a nadar en la pileta del Club de empleados de comercio en Santa Ana, Córdoba, donde pasábamos los veranos con mi amiga Eugenia.

La estrategia era ir agarrada del borde a la parte honda, hasta que los guardavidas me echaban ya que yo no sabía nadar. De a poco me fui soltando y aprendiendo…éramos dos sirenitas…salíamos solo para comer y cuando la pileta ya cerraba.

Hasta una vez nos metimos de noche con otros amigos, lo que por supuesto estaba totalmente prohibido.

Y seguí así…siendo acuática. En los viajes he pasado tanto tiempo bajo el agua que por momentos me he sentido un pez más. He salido de hacer snorkel todo el día con la espalda y la parte de atrás de las piernas totalmente roja.

Para completar la felicidad de estar bajo el agua, varias veces he tenido encuentros con animales increíbles. Esos son los que voy a contarles hoy. Ha habido tantos…desde tirarme un río de las sierras de Córdoba, totalmente vestida, para capturar alguna rana, sacarle fotos y volverla al agua, hasta nadar con una elefanta en Tailandia.

En el 1999 visité a Eugenia en Florida, nadamos muchísimo, tanto que hasta nos robaron nuestros bolsos del auto en un descuido, mientras hacíamos snorkel y mirábamos caracoles marinos…

Por suerte a los pocos meses la policía nos devolvió los bolsos con casi todo lo que teníamos. Nos pasamos buscamos los manatíes por todos lados.

Finalmente pudimos ver uno en el parque Everglades, después de mucho preguntar a todos los guardaparques donde verlos.

Aquatic StoriesAutor: Helena Aroyo

 

Amelie Delobel

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